Siempre me ha producido una cierta curiosidad el canibalismo. Desde los chistes de caníbales en miles de revistas de humor infantiles hasta la famosa historia de los rugbiers en los Andes, pasando por mi fascinación con ciertos asesinos seriales antropófagos, uno se pregunta hasta que punto estaría dispuesto a llegar antes de comerse una sabrosa pierna de un semejante (dentro de este catalogo de representaciones, se puede incorporar al Soylent Green, al capítulo de los Simpsons de “como cocinar para 40 humanos”, y al encantador Robert Carlyle en la injustamente ignorada “Ravenous”).
Pero, sobre todo, ¿qué sabor tendrá? ¿Sabremos diferente de acuerdo a nuestros hábitos alimentarios? ¿De acuerdo a la edad? ¿De qué manera se marina perfectamente a un niño de 4 años? ¿Y un viejo de 80? ¿Sirve? ¿O es solo comida para los perros? ¿Las mujeres tendrán carne más tierna?
Quizás solo por estas preguntas el Apocalipsis Zombi (que se acerca cada día más, ténganlo presente) suena como un prospecto intrigante (al menos para los zombis).
Pero, en fin, todo este preámbulo viene dado a que, por motivos económicos, logísticos (la industria de la carne ya está lo suficientemente saturada como para invertir en grandes criaderos y mataderos de humanos), sociales y morales (a pesar de que nuestros queridos amigos, los empresarios, están buscando una solución a esta aflicción hace años) este modo de consumo, lamentablemente, no es viable, aún, en nuestro mundo contemporáneo.
Sin embargo, el morbo es grande, y la gente logra zafarse las incomodas restricciones impuestas por la civilización occidental mediante la utilización de otros ingredientes en un loable esfuerzo por simular la textura y apariencia de nuestros congéneres.
En primer lugar, una panadería en Tailandia que cocina partes humanas de masa. Partes humanas que se ven sospechosamente reales.




Es como algo salido de una película de terror moderna. En realidad la masa solo cubre una parte humana, procedente de los adolescentes que el cocinero faena en su cocina. O los bollos están cocinados en grasa humana. La azúcar impalpable es hueso molido. Que la explicación sea más sencilla (cocinero aburrido y ligeramente chiflado piensa que semejante cosa es divertida) solo nos preocupa más, nos hace pensar que clase de cosas estará sublimando el tailandés detrás de su amable fachada de panadero excéntrico.
En segundo lugar, una encantadora cocinera anglófona nos enseña cómo realizar una asquerosa, pero aparentemente deliciosa, mano de carne. 





Creo que lo que más me impresiona es la cebolla como hueso del brazo, porque parece tan real, traiciona esa cosa de la cebolla de tantas capas, que es como uno se imagina un hueso astillado. La mano en sí parece buena, aunque se asemeje a la extremidad rebanada de un proxeneta que ha dormido en el fondo de un lago una buena temporada. En realidad lo más asqueroso es el puré de papas. ¿Por qué siempre el puré de papas norteamericano parece tan espantoso? El de las series. Parece que lo acabasen de sacar de la heladera. Como algo baboso y blanco que alguien vomitó. Como el contenido del tracto intestinal de un muerto albino.
El Canibalismo Es El Nuevo Negro.
martes 3 de noviembre de 2009 | Publicado por Amadeo en 7:39 3 comentarios
keep walking
martes 27 de octubre de 2009 | Publicado por Allegria en 9:20 1 comentarios
Etiquetas: whisky
Haikus De L'Epice III

Albahaca
Fresca, claro
Salsa, pasta, queso
Mediterránea!
viernes 16 de octubre de 2009 | Publicado por Amadeo en 13:09 11 comentarios
Etiquetas: haikus de l'epice
Nuevos Partes de Guerra.

En los últimos meses hemos visitado una variedad de lugares en nuestro San Miguel de Tucumán, lugares que, en su mayoría, nos han dejado pensando en la escasez de variedad gastronómica que existe en esta provincia. Siempre hemos sido más bien tradicionalista (¡chocolate por la noticia!), cosa que quizás se pueda explicar por su amor a las cocinas “regionales” (que, paradójicamente, no son tampoco excelentes. ¿Cuántas empanadas de mala calidad hemos probado en miles de bares tucumanos? Diremos solamente que son la mayoría), por la escasa inmigración que genera especialización (solo los árabes, prácticamente, han impactado en nuestra mesa) y, sobre todo, supongo yo, por la inmensa pobreza que nos rodea. La gente no puede pensar en comer “bien” o en experimentar nuevos sabores cuando apenas tiene dinero para una milanesa de 50 centavos (que ya no existen, pero cuando existían podían ser un nuevo formato de comida exótica: ¿que tendrá? ¿De que estará hecha?)
Nosotros, por supuesto, no somos la excepción. En general gravitamos hacía una selección culinaria limitada, lo cual de vez en cuando hace más difícil el escribir aquí. Como me gustaría describirles el sabor de la trufa con trucha, pero no tenemos los monies para ir a comer trufa con trucha. Y, además, dudo que exista algún restaurant en nuestra ciudad que la sirva. Entonces, nuestros nuevos partes de guerra están reducidos a las clásicas categorías de la cocina tucumana: sanguches, pizzas, etc.
- En primer lugar, rumbeamos hacia una sangucheria de la calle Monteagudo y San Juan, llamada Circus. Antes, ahí, había otra sangucheria, la infame Perico. No sé muy bien sobre la calidad de sus sanguches, ya que no fui nunca (y si fui no recuerdo), pero tenía mala prensa. Circus es normal: sanguches ricos pero nada del otro mundo. Buena carne (yo comí la suprema de pollo completa), buen pan, ambientación brillante y colorida (aunque, claramente, impersonal y aburrida también, de esos lugares que no te invita a quedarte). Le pongo un 6.
- En segundo lugar, fuimos a un bar al que me encantaría retornar, solo por la calidad de sus pizzas: Ni Fu Ni Fa, sito en Corrientes entre Muñecas y Maipú. Es de esos lugares con pretensiones de exclusividad y coolcidad. Paredes decoradas con graffittis, bancos, mesas y manteles entre el diseño y la ubicuidad moderna (o sea, son lo suficientemente lindos para resaltar entre tanta silla de plástico blanco y mesa de Brahma, pero tampoco son exclusivos ni geniales), muchas botellas de Iguana ordenadas como en la famosa canción de viaje “99 botellas de cerveza en la pared”. No por nada pertenece a los dueños de Recórcholis (famoso boliche local de la high class). Sin embargo, sus precios son accesibles, su atención es buena y la comida es excelente. La cena del día consistió en una pizza mitad rúcula, mitad mexicana. La rúcula era abundante y venía con un agregado de queso brie que le daba un sabor punzante muy especial, la mitad mexicana era una delicia con palta y salsa picante que parecía un taco hecho pizza, una de esas ensaladas gastronómicas que tanto favorece la nueva cocina cool. En definitiva, un 9.
- El tercer lugar al que peregrinamos (como ya dije: esto no transcurrio todo en una sola noche, no tenemos los estómagos tan amplios) fue el nuevo “bar irlandés” abierto en Corrientes entre 25 de Mayo y Laprida, en una casa antigua que había estado abandonada durante mucho tiempo, caracterizada por los amplios espacios al aire libre. El lugar en si es poco destacable (de hecho ni recuerdo su nombre): tiene un pequeño reservado cuando uno entra, repleto de fotos en blanco y negro que es lo que más se asemeja a algo con onda. Después, un típico bar cuya salvación es su muy buena carta de cervezas. Al menos en eso fueron fieles a su concepto. Cervezas de Turquía, de Holanda, de Alemania, obviamente de Inglaterra e Irlanda también. Los precios son un poco saladitos (entre 10 y 40 pesos por una botellita que puede ir de 300cc a 700cc) pero lo vale por el hecho de que su graduación alcohólica es sumamente superior a las cervezas a las que estamos acostumbrados. Bebimos una cerveza española llamada 1906 y una cerveza checa llamada Staropramen, que nos dejaron bastante tocaditos con su graduación de alcohol entre 6 y 8 puntos. Sin embargo, el talón de Aquiles del lugar (además de los precios) es su cocina: comimos unos tacos a un precio normal (10 pesos) que, sin embargo, eran terriblemente pequeños y con un relleno exiguo. Quizás convenga, en realidad, comprar las cervezas en el super y beberlas en nuestras propias casas. La moza era simpática, sin embargo. Un 7.
- Por último, hemos descubierto (como quién descubre lo obvio) un lugar tradicional de Tucumán, El Empuje (25 de Mayo y San Juan). Lo que nos sorprendió de un lugar por el que siempre pasamos y veíamos como un antro de hombres viejos tucumanos (y cierto fotógrafo bastante creepy) es que la comida, de hecho, ¡está muy bien! Y los precios son súper accesibles. Probamos sus pizzas (normales), su mexicano (muy bueno) y la perla de la corona: sus tacos. Abundantes, nosotros degustamos la versión de cerdo con ananá que te traen en una pequeña plancha, recién salidos de la sartén, junto con unas cuantas tortillas de maíz que ¡son realmente tortillas de maíz! Con un precio muy justo (25 pesos) considerando que alcanza para dos personas, no puedo recomendarlo más. Además el restaurant está muy bien cuidado y mantiene su excelente estampa en estos tiempos de desinversión y mugre en los negocios culinarios tucumanos. Otro 9.
martes 13 de octubre de 2009 | Publicado por Amadeo en 13:44 2 comentarios
Etiquetas: reseñas, restaurantes, tucumán
zapatero remendón indie
miércoles 16 de septiembre de 2009 | Publicado por Allegria en 14:32 4 comentarios
Etiquetas: té
Café con Chocolate.

Bueno, la cosa es sencillisima. Hasta un mono puede hacerlo (excepto esos sucios, sucios, sucios mandriles).
1. Se toma una taza grande de cafe o té y se la llena en un 30% de leche. 30% exacto o Hela clama tu alma.
2. Se agrega chocolate en polvo en cantidad opcional. A mi me gusta con mucho porque tengo alma de gordo.
3. Se prepara café. Como diría Roma "CON COLADOR VIEJA, ese que deja borra en el fondo, que tiene cuerpo, que no es una mariconada", preferiblemente.
4. Se vierte el café sobre el chocolate.
5. Azúcar opcional.
Voilá! Café con chocolate delicioso, que además tiene la ventaja que baja la temperatura del café lo suficiente para que los ansiosos sin remedio podamos beberlo inmediatamente luego de prepararlo.
Vayan, enséñenle la receta a su mono.
jueves 27 de agosto de 2009 | Publicado por Amadeo en 14:09 0 comentarios
Monster Burger.

Nosotros tenemos un amigo al cual ya consideramos como al gran gourmet de la comida rápida. Es un personaje de altura considerable, barba frondosa y rastas na-tu-ra-les.
Habita en una oscura habitación, antro de la perdición, desde donde desarrolla sus maléficos platillos. Gran conocedor del sector de la comida barata, grasosa y popular, es capaz de trasladarse a cualquier ciudad del planeta y, en menos de un mes, saber los mejores lugares para comer en abundancia y gula sin gastar demasiado. Es un ser diseñado para nuestros tiempos. Un mutante gastronómico. En alguna época me dijo, hace ya muchos años: “nunca se puede tener demasiada azúcar o demasiado queso de rallar”. Creo que estaba citando a John Travolta.
La cuestión es que nuestro querido amigo se encuentra viviendo en Buenos Aires, donde ha proseguido con la experimentación para conseguir una comida que sea pura delicia sin ningún tipo de valor nutritivo (de alguna manera, es, quizás, un físico de las partículas grasas).
Su especialidad son los sandwichs, sin lugar a dudas (el pan, como todos sabemos, es un elemento de alto componente graso, sabor delicioso y fundamental para llenar la panza desde el feudalismo) y hace poco nos había anticipado su nueva creación: la hamburguesa con provolone.
“¡Es todo lo que querés en una hamburguesa!”
“¡Reemplaza todos los sabores!”
“That’s what I’m talking about!”
Con esa perspectiva entre aterradora y emocionante, prometió que la próxima vez que viajemos nos iba a cocinar semejante prodigio de la técnica gordonómica.
Tuve la fortuna de realizar ese viaje recientemente y allí, en mi último día de estadía, con una resaca espantosa, se produjo el milagro. El barbudo preparó el platillo, incluyendo unas hamburguesas caseras de un grosor similar al de una bomba de carne. A pesar de no haber observado su elaboración, estoy casi seguro que estaban construidas de la simpleza misma: carne en abundancia, huevo, perejil y ajo (quizás), sal y pimienta. Eran gordas como tía solterona. Mientras se cocían en la sartén (en la que abundaba el aceite), les adjuntaba dos mitades de provolone con abundante orégano y ají, que se derretían como manchas voraces.
Luego, adentro del pan y adentro del cuerpo. En retrospectiva, puedo decir de semejante godzilla del sabor:
- Es definitivamente llenadora. Apenas pude comer una y una rodaja de otra y ya estaba pidiendo el tiempo.
- Tiene un sabor punzante, chorreante, quemadito. El provolone le brinda ese gustito picante y tradicional tan rico.
- Pero al mismo tiempo es medio monótona, una explosión continua, como una película de Michael Bay. ¡Hacen falta vegetales ahí!
- Sin embargo, debo admitir que mi calamitoso estado mental y físico al comerla probablemente hayan influido en el paladar. Sé que luego me sentí fuerte como un búfalo.
- Por lo tanto, lo que recomienda la prudencia y el buen sentido científico es continuar experimentando.
(Dedicado, junto con este link, al Chapa)
jueves 6 de agosto de 2009 | Publicado por Amadeo en 12:02 1 comentarios
Etiquetas: amigos, comida chatarra, grasa, hamburguesas
jueves 23 de julio de 2009 | Publicado por Allegria en 8:24 2 comentarios
Etiquetas: magdalenas, muffins
Haikus De L'Epice II

Ajo.
Pica fuerte
Sabor superior
Usar siempre.
lunes 13 de julio de 2009 | Publicado por Amadeo en 8:08 7 comentarios
Etiquetas: ajo, especias, haikus de l'epice
Espuma de Limón
Blog de cocina con recetas.
viernes 10 de julio de 2009 | Publicado por Allegria en 11:11 1 comentarios



